viernes, 21 de octubre de 2011

El irupé





El yrupé es una planta acuática maravillosa. No hay en el mundo otra tan magnífica ni de más raras cualidades.
Es originaria de América del Sur, existiendo únicamente en los ríos más importantes.
Crece en las aguas de nuestro Paraná, pero sólo en su parte norte, porque allí encuentra
el clima cálido que necesita para vivir.
Los indios guaraníes la llamaron «irupé» (plato sobre el agua) porque sus hojas circulares,
que presentan un pequeño reborde vertical, se asemejan a grandes fuentes o bandejas.
Estas hojas tienen gruesas nervaduras huecas, que las hacen flotar en el agua, ofreciendo
tal resistencia, que aves como las garzas pueden posarse sobre ellas.
Las flores del irupé son hermosísimas. Están formadas por muchos pétalos brillantes, de color blanco nacarado en su parte exterior, y rosado en la interior; este color se hace más vivo, hasta llegar a rojo en los pétalos del centro de la flor.
Las preciosas flores del irupé, sólo lucen su hermosura a la luz del día, exhalando al mismo tiempo su aroma delicioso y suave.
A la hora del crepúsculo pliegan sus pétalos y lentamente desaparecen bajo el agua, como si quisieran reposar durante la noche. Al despuntar el alba, surgen nuevamente
perfumadas y bellas.
El fruto del irupé, del tamaño de un coco, está recubierto de semillas negras como granitos de pimienta. Estas semillas, según se asegura, ofrecen cierto alimento; por eso la planta ha recibido también el nombre de «maíz del agua».
«Victoria Regia» la llaman muchos, y bien podríamos nosotros proclamarla «Reina de nuestras plantas», ya que la Naturaleza la hizo generosa cual ninguna, para que nos ofreciera el esplendor de su belleza, la bondad de su fruto y el delicado aroma que sus pétalos esparcen sobre las ondas de nuestro hermoso Paraná