lunes, 31 de mayo de 2010

Nueva entrada de Árboles Autóctonos




Si hubiera una imagen que pudiera expresar el poder de la vida en nuestro planeta, un único símbolo de vitalidad, esa imagen sería un árbol

Especies nativas (autóctonas o indígenas): son aquellas que crecen en el área biogeográfica de donde son originarias. Son aquellas que durante miles de años fueron adaptándose a las condiciones químicas (salobridad, acidez, alcalinidad) del suelo de una determinada región geográfica, como así también a las condiciones físicas (temperatura, vientos, regímenes de lluvia ) de la misma región, considerándose así como indígenas las plantas propias de las zonas de origen, independientemente de límites políticos de provincias y países.
Hay personas que quieren plantar Árboles
Me alegro
Todos los días voy a poner algunos
Familia: BIGNONIACEAS (Lapacho, lapacho rosado
Descripción: Árbol inerme, de 8 a 15 m de altura, tronco de 20 a 60 cm de diámetro, corteza castaño oscura, algo dura y difícil de desprender, con fisuras longitudinales, los brotes y ramitas floríferas con abundantes pelos estrellados, lo que las hace tomar un color blanquecino.
Observaciones: Florece desde los primeros días de agosto, hacia la segunda quincena de septiembre comienza a dar hojas nuevas y aparecen los primeros frutos. Éstos se mantienen en las ramas hasta el mes de enero aprox.
El Lapacho es dichoso en compañía de los pájaros que merodean sus frondas. Es feliz cuando siente las caricias de las plantas trepadoras que renuevan sus hojitas. Algunas, se alimentan de la corteza, otras viven del aire, las lluvias y el sol. Todas se agrupan en armónica convivencia, disfrutan del nuevo clima, arrullados al cobijo de sus ramajes. A veces, llegan imprevistos ventarrones seguidos de agradables lloviznas. Todo es aprovechado, con beneficio natural, por los modestos habitantes del recio Lapacho.
CENTRO
Y
NORTE
Argentino
Como vieron hay varios colores en blanco es hibrido

viernes, 28 de mayo de 2010

El tucán glotón






Una día cundió por todos los rincones de las aldeas la noticia de que Tatú tüpa el dios Tatú se casaba con la hermosa hija del señor Soe (matico). Los mensajeros de Tatu tüpa recorrieron de pueblo en pueblo llevando la invitación verbal a todos sus amigos y a los hombres prestigiosos de la región. Tukä, que mantenía una antigua enemistad con Tatú Tüpa, como era de esperar, no fue invitado a la boda. El gran día llegó y con ello la esperada fiesta. Tatu Tüpa y sus invitados especiales se alegraban mucho danzando y bebiendo la mejor chicha de la región.
Mientras tanto, Tukä, que buscaba ingresar de cualquier manera a la fiesta, consigue cambiar de apariencia colocándose un disfraz, un tyru (antiguo vestimenta de los guaraníes) de color oscuro y un paño blanco en el cuello.
Tatu tüpa, si embargo, no tardó en percatarse de su presencia cuando éste disfrutaba entre los invitados de la rica chicha. Entonces le pidió a su novia que le hiciera el favor de invitarle un mate de "chicha de honor" al joven del disfraz oscuro, honor que Tukä aceptó con toda reverencia de las manos de la bella joven; pero apenas éste comenzaba a saborear la chicha, Tatu tüpa lanza una maldición en su contra para que el alargado recipiente de mate con el que bebía la chicha se le quedara pegado en el rostro.
Cuando Tukä quiso reaccionar ya fue demasiado, en vano fueron sus intentos por desprenderse del enorme objeto. Viéndose en ridículo, salió de la fiesta volando, convertido en ave.
Con este pequeño relato, los ancianos enseñan a sus nietos a no entrometerse en la vida ajena mientras no se requiera su presencia, puesto que las consecuencias casi siempre resultan ser fatales para los entrometidos

miércoles, 26 de mayo de 2010

EL HORNERO (Ave Nacional Argentina)





Ha ganado la merecida fama de ave trabajadora, por su sorprendente nido de adobe.
Sobre su temperamento, podemos decir que es manso, de andar elegante y muy caminador. Es infaltable su presencia en parques, plazas y otros espacios verdes, donde recorre con paciencia y esmero en busca de lombrices y otros invertebrados desprevenidos que caza con extrema habilidad.
Los dos miembros de la pareja participan en la elaboracion del nido, trabajando muy duro, hasta dar con el material más apropiado para su construccion. Usan su pico como unica herramienta y con él forman una bolita de barro, con pajitas, raÌces y estiércol o crin de caballo, como si fueran los pequeños ladrillitos de su rancho. Con decenas de viajes para depositar esos pedacitos de adobe construyen su nido, casi siempre, sobre un sitio visible, como ramas gruesas de árboles, techos, postes de luz o alambrado y monumentos o cornisas de edificios.
El interior está dividido en dos zonas por un tabique. AsÌ, podemos distinguir una "sala" mayor, donde se instalará la cámara de cria y una anterior, más pequeña, que es una "galeria" que da continuacion a la entrada. Esta formidable estructura, es construida entre seis y ocho dias, si las condiciones son favorables. Pesa unos 4 o 5 kilos y es capaz de soportar un peso de hasta 100!.
Además, resiste las adversidades climáticas durante mucho tiempo. Aunque se conserve intacto, la pareja de horneros construye uno nuevo todos los años, a veces, sobre el anterior, pudiendo llegar a observarse como edificios de departamentos de hasta cinco pisos. Sus nidos abandonados suelen ser ocupados por otras aves. Por eso, es comun ver que lo usen para nidificar los jilgueros, ratonas, golondrinas y caburés, cuando no para refugiar hasta alguna comadrejita o culebra. Por esta razon no es aconsejable meter la mano donde uno no sabe qué puede encontrar adentro, porque aunque las culebras no sean venenosas, la sorpresa rara vez resulta agradable.
Hay algo que sorprende de su canto y es que canta a duo. El macho entona una melodia que conjuga perfectamente con la que simultáneamente lanza la hembra. Hacen algo similar a dos musicos que interpretan melodias diferentes que conjugan para una misma sinfonia. Y su canto, verdaderamente llena de vida nuestros dias.
Por ser un pájaro tan "trabajador" y que convive con el hombre de campo, es muy apreciado, y ha sido acreedor de innumerables poemas, historias y comentarios de celebrados hombres de letras y compositores folcloricos, los que lo llevaron a ocupar un lugar privilegiado dentro del contexto cultural argentino.

Curiosidad
Como el gaucho, con barro, bosta y paja, el hornero construye un nido confortable y resistente, que lo protege de la intemperie más cruda. A diferencia de aquél, habita en su nido una sola temporada, y luego lo abandona y se construye otro.
Cuando un ave como el tordo se apropia de su nido, el hornero le tapia rápidamente la puerta del nido, y se construye en otro lugar uno nuevo para su pareja.

martes, 25 de mayo de 2010

San Martín





significado, en guaraní, \\\"fruto maduro\\\"
Rosa Guarú era la indiecita que tuvo un niño, y la familia San Martín lo adoptó como propio, pero ella siguió en la casa cuidándolo, criándolo, hasta que se fueron a Buenos Aires. El niño tenía entonces unos tres años y le prometieron que iban a venir a llevarla a ella, pero no aparecieron más. Rosa Guarú los espero toda la vida. Cuando atacaron y quemaron Yapeyú, ella se fue a la isla brasilera, estuvo mucho tiempo allá y volvió. Levantó un ranchito por Aguapé, y mantenía la esperanza de que volvieran. Le tenía un gran apego a José Francisco. Nunca se casó, aunque tuvo otros hijos. Siempre preguntaba por San Martín. Este, cuando era jefe de los granaderos, le regaló un retrato o medalla que ella conservó siempre, y al morir, ya muy viejita, la enterraron con ese recuerdo del que era inseparable.”
Esto es lo que los tatarabuelos de María Elena Báez relataron a sus hijos y nietos, y ellos a su vez transmitieron a los biznietos y a ella. Los pobladores antiguos de Yapeyú, y especialmente las mujeres más añosas, como Zoila Daniel, Elisa Coronel y Yuntina Ferreira, conocen la historia, aunque la cuentan con muchas reservas, sólo si les pregunta. Lo único que admite la versión oficial es que Rosa Guarú fue la niñera del Libertador, y los yapeyuanos guardaron el secreto de que era su verdadera madre.
Una antigua tradición
Por la banda oriental del Uruguay, según el historiador uruguayo Washington Reyes Abadie, los relatos orales preservaron también la memoria de la madre guaraní del Libertador, que fueron la punta del ovillo de esta investigación.
Don Antonio Emilio Castelo, autor de una completa historia de su provincia que tiene ya varias ediciones, y el lingüista guaraní Víctor Cejas nos confirmaron que la misma tradición
subsistía en Corrientes, donde el nombre y la imagen de Rosa Guarú han mantenido una entrañable vigencia.
Una crónica publicada por Pedro Mesa Toledo, antaño maestro de escuela en Yapeyú, narra que, en la época de la guerra del Paraguay, Rosa Guarú preguntó por la suerte del general San Martín a uno de los oficiales que venía del frente. Cuando éste le informó que había muerto en Francia en 1850, las lágrimas corrieron por el rostro ajado de la anciana. Ella sobrevivió unos treinta años a su hijo. El cura Eduardo Maldonado (La cuna del héroe, 1920) consigna que falleció en Aguapé, a dos leguas de Yapeyú, hacia 1880.
Don Pedro Ordenavía, jefe de correos de Yapeyú, recopiló entre otros testimonios los recuerdos de los colonos franceses que vinieron a establecerse en la zona y la conocieron personalmente a Rosa Guarú alrededor de 1860. Lorenzo Parodi, un agrónomo de renombre de la Universidad de Buenos Aires que relevó la flora del lugar, describió en la revista Darwiniana (1943) el ficus sanmartinianus, el higuerón bajo el cual la joven misionera amamantaba al niño, e incluyó las referencias de Ordenavía de que había vivido hasta los 112 años. Ello no sorprende a nadie en estos pagos, donde se recuerda a numerosos longevos más que centenarios.
El viejo higuerón cayó en 1986, y hoy se yergue en el mismo lugar un airoso retoño que los vecinos veneran como a su predecesor. Pocos metros más allá, ante el espléndido escenario de la barranca que se empina sobre el río Uruguay, el templete construido en 1938 por el gobierno nacional protege los muros de piedra que quedaron de la casa de la gobernación. Hace un siglo y medio, Rosa Guarú fue traída desde Aguapé para atestiguar que esas ruinas correspondían al hogar de los San Martín.
En el recinto del templete, custodiado permanentemente por un granadero en uniforme de gala, una urna de metal dorado guarda sendas cajas con los restos de Juan de San Martín y Gregoria Matorras, que fueron trasladados de España a Buenos Aires en 1948 y enviados desde la Recoleta a Yapeyú en 1998.

domingo, 16 de mayo de 2010

Puchero criollo




El puchero criollo es un plato conocido en muchos países siendo Uruguay uno de los que lo consumen con más frecuencia.
Años atrás, este plato de olla, como se suele llamar se preparaba casi a diario en casi todos los hogares, sobre todo en campaña, donde abundaban y estaban al alcance de todos los ingredientes que lleva éste plato..
Pasó a ser en su momento y por muchos años una comida ideal, por lo rica, rendidora y económica, siendo a su vez de gran ayuda para aquellas familias numerosas, tan típicas de campaña.
Al ser el nuestro un país fundamentalmente ganadero, a la gente que vive en campaña y trabaja con el ganado y en el campo, le resulta fácil poder acceder a cortes de carne delanteros, a los embutidos y a las verduras.
Este plato facilitaba a la familia el acceso a una comida rica, generosa y económica, particularmente para los días de más frío.
Pasados los años esta costumbre si bien ha mermado por razones económicas, es un plato deseado por todos y que cada cual lo puede elaborar ajustando los ingredientes a sus necesidades.

El puchero criollo lleva una cocción prolongada, lenta y con mucho agua que luego se transforma en un caldo sumamente gustoso pudiéndoselo tomar así o espesado con arroz o fideos.
Porciones: 8
INGREDIENTES
Se puede acompañar con vino tinto
2kg de falda (carne vacuna)
1/2kg de hueso de chiquizuela
1/2 gallina
4 choclos (elote, chilote) cortados a la mitad
1 puerro
1 manojo de perejil
4 zanahorias grandes lavadas
4 papas medianas y peladas
4 boniatos medianos y pelados ( batata, papa dulce, camote)
2 cebollas
1kg de zapallo cortado en cuatro trozos
1/2 repollo blanco
300gramos de panceta ahumada (tocino ahumado)
4 chorizos
250gramos de porotos previamente remojados durante 8 horas
1 hoja de laurel
4 morcillas (dulces o saladas)
Sal gruesa a gusto
Mostaza, sal y pimienta
PREPARACIÓN
Se emplea una olla con la capacidad suficiente como para contener todos los ingredientes, más el agua.
Se llena las 2/3 parte de la misma con aproximadamente 5 litros de agua.
Debe quedar capacidad para poder agregar los demás ingredientes.
Llevar al fuego la olla con el agua y el hueso de chiquizuela.
Agregarle algo de sal pero no demasiado ya que el propio hervor más la sal contenida en los ingredientes colabora en salarlo.
Cuando comienza a hervir, agregar las cebollas, el puerro, el perejil, la falda y la gallina.
Dejar cocinar durante una hora manteniendo el hervor y espumando todas las veces que sea necesario.
Agregar las papas y los boniatos enteros, los trozos de zapallo, las zanahorias enteras y los choclos cortados.
Dejar cocinar hasta que las verduras estén cocidas, aproximadamente media hora.
Los tiempos lógicamente no son exactos y cada uno lo debe ajustar ya que depende de la olla que se utilice, del fuego etc.
Aparte poner los porotos en una cacerola con abundante agua, una hoja de laurel y cocinar hasta que estén apenas a punto cuidando que no se pasen de cocimiento
Retirar, escurrir y reservar.
Pasada esa hora agregar los porotos, el repollo, la panceta, los chorizos y dejar que continúe su hervor durante 10 minutos más aproximadamente, o hasta que esté todo cocido.
Una vez pronto, retirar la olla del fuego y agregar las morcillas.
Dejar tapada la olla durante 6 a 7 minutos, o el tiempo suficiente como para calentar las morcillas sin que se abran.
Una vez ponto el puchero, poner en una fuente la gallina cortada en presas, y la carne cortada en trozos.
En otra fuente o en otras fuentes, si fuera necesario, poner el repollo, las papas, boniatos, zanahorias y choclos cortados a la mitad, el zapallo, los chorizos junto con las morcillas cortadas a la mitad.
En un bol aparte poner los porotos cocidos.
Como condimentos poner en la mesa sal, pimienta, y mostaza para que cada uno se sirva a su gusto.
Cada uno se va sirviendo una porción de cada elemento, resultando un plato completo en cuanto a variedad de carnes y verduras.
Con el caldo se puede hacer una sopa con arroz o fideos que se puede servir o bien al principio o al final con queso rallado.

sábado, 15 de mayo de 2010

Empanadas criollas fritas


Relleno: aceite o grasa 2 cdas
• cebolla picada 350g
• morrón rojo 1
• carne picada común ½ kg
• pimentón 1 cdita
• ají molido 1 cdita
• pasas de uva 50g
• aceitunas verdes descarozadas
• huevos duros picados 2
• azúcar 1 cda
• sal
• Masa: harina 500g
• grasa vacuna 100g
• huevo 1
• sal
• agua
En una sartén colocar la grasa o el aceite, añadir la cebolla picada, una pizca de azúcar y sal a gusto.
Cocinar y añadir el morrón picado, la carne picada y saltear un momento.
Salar a gusto.
Retirar del fuego y agregar el pimentón, el ají molido, las pasas de uva, las aceitunas picadas y los huevos duros picados.
Preparar la masa: colocar la harina en la mesa, hacer un hueco en el centro, disponer en el mismo la grasa, el huevo, 2 cditas de sal y agua para formar la masa (unos 250 cc).
Unir bien y amasar hasta que quede lisa.
Estirar la masa y doblarla en tres.
Dejarla descansar 15´.
Estirar la masa y cortar discos del tamaño deseado.
Distribuir el relleno ya frío sobre las tapas de empanadas.
Hacerles un repulgue a gusto; uno simple es marcar el borde con los dientes de un tenedor.
Freír en aceite o grasa bien caliente.
Retirarlas y escurrir sobre papel absorbente.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Arroz con leche colonial



Receta
Ingredientes:
Para el arroz
200 gramos de arroz,
1 litro de leche fresca,
100 gramos de azúcar, 1 cucharadita de sal,
1 trozo de canela en rama, cáscara de limón, cáscara de naranja.
Para servir:
200 gramos pasas sin semillas, 150 gramos de nueces peladas, crema de leche.
Preparación:
En una cacerola, colocar el arroz cubierto con agua fría y llevar a fuego moderado hasta que hierva. Mantenerlo 5 minutos, retirar del fuego y colarlo. Recolocarlo en la cacerola, agregar la leche hirviendo, la sal, el azúcar, dos trozos de las cortezas de los cítricos y la canela en rama. Llevar otra vez a la ebullición a fuego moderado, revolviendo para disolver el azúcar, durante 30 minutos. Agregar algo de leche si faltara, sin revolver. Sacar del fuego, enfriar luego en heladera, Servir en copas decorando con pasas, nueces, crema de leche liquida y canela en polvo
Puede servirlo en plato, acompañándolo con dulce de leche, compota de pera, manzana o ciruelas pasas, castañas cocidas en leche azucarada, dátiles descarozados, higos en almíbar. Al arroz se le puede versar caramelo liquido o azúcar blanca luego quemarla con llama de soplete.

martes, 11 de mayo de 2010

Bizcochitos de grasa




Bizcochitos de grasa
Ingredientes:
500 gramos de harina leudante, 1 cucharadita de sal fina, 150 gramos de grasa, 200 cc. de agua fría.
Preparación:
Mezclar la harina con la sal y unir la grasa con los dedos. Agregar agua fría hasta obtener un bollo liso y consistente. Guardar en heladera media hora. Luego estirar la masa con un palote hasta un espesor de un centímetro y cortar redondelitos. Acomodar en una placa para horno sin harina y sin enmantecar. Cocinar en horno bien caliente durante 15 minutos. Comerlos fríos.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Un queso con historia El queso Goya






Fue declarada ciudad en 1852 y su nombre se puso en homenaje a la mencionada pobladora doña Gregoria Morales de Olivera (doña Goya), quien poseía un comercio de venta general y era famosa por la elaboración de quesos.
La loma que como una faja ciñe a la ciudad de Goya, se hace más notable a simple vista porque está coronada por un extenso palmar de yatay (cocus yatay) al que debía su fundación la ciudad según la tradición…
Antiguamente, los buques a vela que hacían la carrera entre Buenos Aires, Corrientes y Asunción, al pasar por Goya paraban para comprar carne fresca y sobre todo queso, que fabricaba una mujer llamada doña Gregoria que allí vivía.
Estos quesos tenían un gusto particular y eran sumamente sabrosos porque los fabricaba con leche de las haciendas que pacían entre los palmares y comían el coco yatay, que le comunicaba ese sabor especial. Tanto renombre tomaron los famosos quesos de Doña Goya 8disminutivo de Gergoria) que cuando querían arribar a ese punto para comprar no decían “vamos a lo de Goya”, y tanto repetir esto quedó por fin bautizado naturalmente con el nombre de Goya…..
Descripción del queso Goya
El Queso Goya es un queso de pasta dura, semigraso a graso, con un contenido de humedad comprendido entre 27-35%, y de materia grasa entre 25-39% (semigraso) y 40-59.9% (graso) en el extracto seco. Se presenta en hormas de 3 a 5.5 kilogramos, cilíndricas de fases planas, de perfil ligeramente convexo, cuyas medidas son aproximadamente de 23 cm de diámetro y 10 cm de altura, con corteza pintada de negro o natural parafinada
La denominación de la ciudad de Goya se originó en el apodo de Gregoria Morales y Alegre de Olivera, quien instaló un “boliche” o almacén de ramos generales en el núcleo de lo que más tarde sería la ubicación de la ciudad de Goya, a la ribera del río Paraná mini, hoy conocido como riacho Goya. La función de este almacén era la de abastecer de mercaderías a los barcos que iban y venían del Paraguay a través del río Paraná. Una de esas provisiones que comercializaba Gregoria de Olivera o “Doña Goya” (según la tradición a las Gregorias se las apoda Goya), era un delicioso queso que se elaboraba en la zona y que trascendió las fronteras de la región. Favorecía el gusto del queso un sabor muy exquisito producido por la alimentación de las vacas lecheras, que comían las frutas de “yatay”, variedad de palmera que existía en todos los campos de la zona.
El queso Goya es uno de los pocos productos de elaboración nacional que goza de esa tan preciada "denominación de origen",

martes, 4 de mayo de 2010

En búsqueda de la Tierra Sin Mal






Los guaraníes, muchas veces hacían la guerra, pero también hacían poesías. A la luz de los fogones en la noche, siempre les gustó contar historias y, además, cantarlas.
Los siguientes relatos recogen algunas de esas historias, que tienen héroes de cuerpo resplandeciente como el Sol y seres malvados que se apropian del fuego, aventuras de dioses y hazañas de gente común. Historias que nos hablan de un mundo que se fue haciendo poco a poco, con el puro poder de las palabras.
La búsqueda de un paraíso terrenal provocó largos viajes.
Los guaraníes creían en una Tierra Sin Mal, especie de un paraíso terrenal adonde se podía entrar sin morir. "Allí los cultivos crecen solos -decían-, la miel y la carne son abundantes, no hay enfermedades ni muerte, y todos viven con felicidad."
Cada tanto, algún karaí afirmaba haber recibido en sueños revelación de donde se ubicaba ese anciano lugar y como llegar hasta él. Con sus discursos elocuentes, arengaba a todos para que abandonaran aldeas y cultivos, y siguieron el camino que le había sido indicado. Muchos de estos éxodos eran penosos y trágicos. Los peregrinos debían avanzar por zonas boscosas y ríos desconocidos, rodear saltos de agua, improvisar puentes con troncos y lianas, enfrentar a grupos enemigos y padecer enfermedades.
Para llegar a La Tierra Sin Mal era necesario tener perseverancia, coraje y fuerza espiritual. Esta última se renovaba cada noche, cuando el karakí precedía danzas especiales vinculadas con los mitos y con la esperanza de una nueva tierra. La música, los cantos religiosos, las oraciones y los bailes buscaban aligerar los cuerpos y liberar a los hombres de sus imperfecciones, elevándolos y facilitándoles el camino. Ante un fracaso, volvían a partir con nuevo rumbo, siempre dirigido por su profeta.
Españoles y portugueses trajeron nuevos males a la tierra guaraní, y dieron mayor impulso a la búsqueda de La Tierra Sin Mal, fuera del alcance de los conquistadores. La historia mas dramática fue la de un grupo de 12.000 Tupi-guraní, quienes en 1.539 partieron desde la costa de Pernambuco, en Brasil; 10 años más tarde, 300 sobrevivientes llegaron a los Andes peruanos, después de atravesar toda el amazona