lunes, 16 de septiembre de 2019

Jardín de Mariposas


Las mariposas son uno de los insectos que más fascinación producen, su colorido y la forma que tienen de revolotear entre las flores nos encanta. Si quieres tener un auténtico jardín de cuento de hadas, sigue estos pequeños consejos para atraer a las mariposas. mariposas alimentándose y reproduciéndose a cielo abierto gracias a las plantas que las nutren y les dan abrigo. Proporcionar los elementos necesarios para un jardín florido se asegurará visitas frecuentes de estas encantadoras criaturas. El hábitat de la mariposa necesita cuatro cosas: comida, agua, un lugar para criar a las larvas y refugio. Algo muy importante es estudiar qué especies de mariposas nativas se encuentran en tu área. Saber qué mariposas pueden visitar tu jardín te ayudará a elegir el néctar y las plantas adecuadas. Una gran variedad de plantas perennes, anuales, flores silvestres y arbustos atraen a las mariposas. Marisa.

Cómo atraer colibríes con plantas y flores


Principal > Jardinería > Cómo atraer colibríes con plantas y flores Cómo atraer colibríes con plantas y flores Nuestro jardín Los colibríes son bienvenidos a los visitantes de nuestros jardines Los colibríes son las joyas del jardín, y es un placer verlos deslizarse alrededor de las flores y las flores en busca del néctar. Si bien atraer a los colibríes es relativamente fácil, atraer a estas bellas e interesantes criaturas para que se queden y se establezcan en su jardín requiere más atención que simplemente colgar un comedero lleno de agua azucarada Receta del néctar Haga su propio néctar de colibrí casero. Este jarabe simple toma solo unos minutos, dura hasta dos semanas y no usa colorantes artificiales que puedan dañar los pequeños hummers. Esta receta es fácil de hacer con 4 partes de agua y 1 parte de azúcar blanco granulado. La relación de 4 a 1 es importante. Marisa.

martes, 10 de septiembre de 2019

LEYENDA DE LA TAKUARA


Cuando los guaraníes danzan, cantan y bailan, es en honor al Dios Tupã, agradecen la protección de sus vidas, el buen crecimiento de sus siembras y la sanación espiritual y física de sus miembros. En una época en que los guaraníes eran muy atacados por otras tribus, la noche en que estaban empezando el ritual, cerca de ellos se encontraba un árbol muy alto como de 20 centímetros de espesor. Cuando de repente se escucha llegar a los enemigos, entonces todos juntos elevan las manos y piden un milagro a Tupã. La misericordia de su Dios era grande, el árbol que se encontraba cerca de ellos, se reproduce convirtiéndose en un enorme cerco de forma circular, cuyos tallos protegen a los guaraníes Entonces el sacerdote se compromete a honrar a Tupã haciendo instrumentos musicales y entrega a las mujeres para que acompañen con la takuara sus cantos plañideros, estas se ponen en fila y golpean contra el suelo, haciendo un reverente y solemne canto para Tupã. Las takuaras, para algunas tribus, son místicos y lo usan para este culto.

LEYENDA DEL KYHA (LA HAMACA)


Cuando los guaraníes crecían en números, las familias se multiplicaban y es así como Tupi y Guaraní se apartaron para formar nuevas comunidades. Los nuevos caciques que debían partir a conquistar nuevas tierras, eran elegidos por un consejo de ancianos. Era muy particular elegir a sus nuevas autoridades, cada joven que tenía deseos de ser jefe de una nueva tribu, tenía que cazar un puma, subir el árbol más difícil de trepar y nadar un par de kilómetros con una enorme carga sobre su espalda. Pero lo más importante manejar con destreza el idioma guaraní, ellos hacían una gran fiesta en el "óga guasu", una enorme casa techada con paja, donde tenían un escenario, los jóvenes sobresalientes tenían que decir un gran discurso y persuadir al consejo de ancianos a través de sus palabras de que tenían suficiente valor e inteligencia para cuidar y dirigir a la tribu. Existía una gran situación, el anciano principal estaba muy dolorido, había caído y tenía golpeada su espalda, era éste quien daba la última palabra para saber quiénes serían los nuevos jefesEl paje de la tribu, muy hábil e inteligente, dijo a todos los ancianos que debían inventar la forma que el anciano esté en las elecciones. Entonces llamaron a todas las mujeres de la tribu, los que trabajaban para tejer las ropas de la tribu y ordenando a éstas a inventar una cama especial para el anciano. Todos trabajaban con mucho entusiasmo, inventando todo tipo de prenda, pero la que más resaltó fue la de una anciana cuyo nombre era "Panambi Morotĩ". Ella consiguió la fibra del Mbocaja (coco) y empezó a tejer una sábana con ambas partes con largos cordones, lo ató a dos árboles y ella misma se sentó y mostró a todos cómo se utilizaría y así Panambi Morotĩ tejió la primera hamaca.

LEYENDA DEL DILUVIO


Tupã había creado con Sypave la maravillosa morada de los Ava, el Kuarahy (sol), el Jasy (la luna), los Mbyja (las estrellas), para que toda la creación lo disfrute. El Dios de los guaraníes en su inmensa bondad entregó por completo a sus hijos amados, extensos ríos, bosques, animales, para que se enseñara a todos el pedido de Tupã, que debían amarse y respetarse sin dañarse a sí mismo ni a la naturaleza. Cuando lo tenían todo ellos se llenaron de vanidad, envidia y orgullo, cada uno peleaba por gobernar extensos territorios, se creían dueños de los ríos, las selvas y todo cuando vivía sobre el "Yvy" (la tierra). Empezaron a dividir y marcar su territorio, matar salvajemente a quienes venían a pasear en los ríos, ya no querían realizar las tareas domésticas, entonces atacaban a las tribus que eran sus propios hermanos, trayendo cautivos a niños, niñas y jóvenes para convertirlos en sus sirvientes. El paje (sacerdote) les pedía encarecidamente que cambien sus actitudes mezquinas y malvadas, porque Tupã se enojaría y ya no les daría todos los recursos que hasta ese día les había proveídoTodos se reían del sacerdote, siguieron cometiendo sus malas acciones. Entonces Tupã envió en forma de lluvia su ira y su tristeza sobre el pueblo de los ava. Muy triste veía que todo se hundía en el inmenso río que constituía la lluvia que duró varias lunas (días). Todos desaparecieron bajo las aguas, nada de lo maravilloso que les había entregado quedó a la vista. Solo quedaron vivos en un alto monte el "paje" y algunos que sí respetaron la ley de Tupã. De esta forma el castigo a la desobediencia llegó al pueblo de los "Ava guaraní".

LEYENDA DEL CÁNTARO


Esta leyenda se remontó en los tiempos en que los hermanos Tupi y Guaraní vivían juntos con todas sus familias antes de separarse la tribu. Cada grupo de esta comunidad tenía un maestro para instruirlos en todas las artes y las ciencias. Unos tenían quien le enseñaba las propiedades y virtudes de todas las plantas y de esta forma preparar la medicina para cada enfermedad. Otros tenían un maestro que les instruía en la caza, la pesca y la guerra. Un grupo especial era enseñado para crear distintos modelos de utensilios de barro, las figuras más llamativas de animales, plantas y flores lo realizan los jóvenes. En un caluroso verano "Mbo'ehára guasu" (gran maestro) como lo llamaban los jóvenes artesanos, ya muy viejo entregó su vida a Tupã (Dios). Ellos hicieron una gran vasija para colocarlo dentro y después enterrarlo. La vasija tenía la forma tradicional del cántaro que todos conocemos, pero sin el cuello y el círculo perfecto que le da mucha gracia. Los artesanos cada vez que recibían la orden para fabricar más cántaros sin cuello para traer agua de los ríos, recordaban al apreciado maestro. Esto los ponía muy triste, pues se parecía mucho al mbotyha'i como ellos lo llamaban entonces, decidieron darle otra forma al "Ygueruha", se pasaron días y días tratando de encontrar una forma diferente a esta vasija. Después de mucho tiempo lograron crear la graciosa vasija y lo llamaron kambuchi; los niños, jóvenes y adultos se pusieron muy contentos con la nueva creación que no les traía tanta tristeza recordando siempre al gran maestro.

la leyenda del terere


Entre este grupo de nativos se encontraba Guasu'i, a quien le gustaba cazar serpientes y llevaba siempre en sus viajes flechas hechas de tacuara, pues para él eran los más filosos. Recorrieron un largo trayecto, no sin antes cruzarse con otras tribus salvajes, y lo peor, no había ni un arroyo y por mucho tiempo azotaba una gran sequía a esa región. Ya cansados y sin esperanzas, después de tanto caminar decidieron sentarse bajo un árbol del Ka'a, mirando Guasu'i a su costado vio un hy'a (porongo - mate) roto en unas de sus partes y estaba llena de agua y de hojas del Ka'a. Mostró a su padre y le dijo que en el hy'a había agua, pero que si lo movían se derramaría todo el líquido que tanto necesitaban. Enseguida la creatividad del joven indio encontró la solución, cortó una de sus flechas en varías partes, estas tenían grietas en el centro y repartió a cada uno de sus compañeros; las finas tacuara se habían convertido en bombillas, que a cada uno sirvió para saciar su sed. El jugo de las hojas que habían caído en el agua, le daba un sabor especial y además les hizo recobrar el ánimo. Esta experiencia lo llevaron a su tribu y estos empezaron a expandirlo, hasta llegar hasta nuestros días y nosotros lo llamamos "Terere". Símbolo de integración y comunicación... El tereré (palabra de origen guaraní), es una bebida tradicional oriunda de la cultura guaraní, Marisa.

viernes, 9 de agosto de 2019

Fueron -son- los guaraníes.


Conocieron -como pocos- los secretos de la selva: la hoja que cura, el veneno que mata, el panal escondido, el pez que se mueve bajo el agua barrosa, el animal que sirve para alimentarse... Supieron cultivar la tierra sin estropearla. Viajaron sin perderse por un gigantesco laberinto de árboles y ríos. Fueron grandes, temibles guerreros. Y también buscaron la perfección del alma y creyeron que -con fe y sacrificios- se podía llegar a la Tierra Sin Mal, ofrecida por un dios cuyas primeras creaciones habían sido el lenguaje humano y el amor a los demás. Fueron -son- los guaraníes. Marisa.

lunes, 5 de agosto de 2019

LEYENDA DEL ISONDÚ


En la inmensa región que se extiende desde el Paraná al Uruguay, existen maravillosos resplandores, que en las noches se mueven, lentamente, en fantásticas procesiones luminosas. Todos saben que es el isondú, un insecto cuya belleza es extraordinaria, por la luz que irradia su cuerpo y tiene entre los guaraníes, una hermosa leyenda: En su origen, el isondú, fue un gallardo y apuesto joven, que habitaba en aquella vasta región de frondosa vegetación y fértiles tierras. Este joven, de conducta intachable y de apuesta presencia, atraía a todas las doncellas que se enamoraban perdidamente de él. Los demás hombres, sintiéndose despreciados, se llenaron de coraje y se reunieron tratando de buscar una solución a aquel problema. De nada tenían para acusarle, porque no había cometido ningún desafuero, ni podía ser culpable de su perfección física; Habían intentado que cayera en el vicio, pero se habían estrellado ante su temple de acero. Sin embargo , había que eliminar fuera como fuera a aquél ser perfecto, que desviaba hacia él los corazones de todas las ¨ cuñás ¨ o doncellas. Todos los jóvenes, amarillos por la envidia, resolvieron matarle, y apostados una noche de luna tras los árboles del bosque por dónde él tenía que pasar, esperaron a que llegara y le sorprendieron por la espalda , cayendo sobre el indefenso joven y asestándole veintidós puñaladas en todo el cuerpo, por cuyas heridas brotaban chorros de sangre, que empaparon la tierra hasta dejarle exangüe. Pero, antes de exhalar su último aliento, vieron los mozos, aterrorizados, que el cuerpo del mancebo se transformaba en un pequeño insecto de maravillosos resplandores, saliendo una misteriosa luz por cada una de las heridas que había recibido. En la herida del corazón se formó la cabeza del gusano, que emitía una fantástica luminosidad roja, como un rubí. Los asesinos, asustados ante el prodigio, marcharon apesadumbrados de su crimen, y tuvieron que contemplar durante todas las noches de su vida aquel resplandor siniestro que les recordaba su maldad y torturaba su conciencia, no volviendo a recobrar jamás la calma. Desde entonces, grupos inmensos de isondúes, pueblan de un fantástico resplandor, durante las noches, el bosque, convirtiéndolo en un paraje encantado. Logrando atrapar un isondú o gusano de luz, se ve que tiene once lucecitas de cada lado de su cuerpo y son los vestigios de las veintidós puñaladas recibidas, y la luz roja de la cabeza es el corazón de aquel hermoso joven que despertó los celos de los demás hombres...

jueves, 11 de julio de 2019

Ruinas de San Ignacio (Misiones).


Entre la espesa selva misionera se alza el relieve de las ruinas de la Reducción de San Ignacio, los restos de una civilización diseñada por jesuitas y construida por manos Guaraníes que descolló por su eficiencia hace casi 400 años y por eso mismo debió perecer. La fachada de su templo fue realizada íntegramente con arenisca rosada en 1610 y su diseño barroco americano fue reconstruido por un grupo de científicos durante el siglo pasado. Es que la reducción había estado sepultada bajo la jungla durante casi dos siglos. Las ruínas del conjunto han quedado insertas en el trazado del actual pueblo de San Ignacio. Fuera del perímetro cercado se encuentran partes del núcleo urbano y, más allá, vestigios de distintas obras complementarias, como canalizaciones y tajamares. La planta urbana de la misión (tipología que se repetía en todas las demas), se organizaba alrededor de la plaza y estaba presidida por el conjunto que integraban el cabildo y el templo mayor, con baptisterio y sacristía, a uno de cuyos costados se ubicaban la casa de los padres, la escuela, el refectorio, el patio de los talleres y depósitos; y al otro, el cementerio, la huerta y el coty-guazu. Las tiras de vivienda de los indios, con sus dobles galerías, completaban los límites de la plaza. La entrada principal, desde el norte, era una calle central cuya perspectiva, focalizada en la portada del templo, manifiesta la concepción barroca con que se estructuraba el espacio urbano en las misiones. El templo mayor, de tres naves, fue construído con piedras de asperón rojo de la zona, que originalmente estaban asentadas con perfecto ajuste, sin argamasa; la cubierta era de tejas, a dos aguas, sostenida por estructura de madera. Elaborados diseños en piedra labrada destacaban los sectores principales del templo, como el portal de entrada, el de la sacristía, y el que conectaba el templo con la escuela. En las figuras de ángeles, palomas y motivos de la flora local se aprecia la impronta guaraní. Muy interesante es el diseño de otros elementos arquitectónicos, como los pisos y balaustres. San Ignacio ha sido declarado como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

LEYENDA DEL CAMALOTE Aguapey


LEYENDA DEL CAMALOTE Es el camalote una planta acuática, que prospera en los grandes ríos de América del Sur. También se llama camalote al conjunto de estas plantas que, enredadas con otras de diferentes especies, forman como islas flotantes. En realidad integran el camalote o el camalotal como también se le llama, troncos de árboles y plantas acuáticas de toda variedad y especie. La corriente del río los arrastra y aumentan de tamaño constantemente. Una vieja leyenda guaraní le atribuye al camalote el siguiente origen: Una joven india se enamoró de un soldado español que llegó junto con los primeros conquistadores. Pero vióse éste obligado a alejarse precipitadamente un día, y a despedirlo fue la joven hasta la orilla del río. La suave corriente empujó hacia el sur la embarcación y se perdió muy pronto en medio de la selva. Mucho lloró la india y más porque sabía que, como fruto de sus amores no tardaría en ser madre, lo que le acarrearía el repudio de su tribu. Todas las mañanas y todos los atardeceres se llegaba hasta el río esperando el retorno de su amado. Desesperada en la espera inútil, imploró humildemente a los dioses que la ayudaran en su triste situación. Apiadados éstos la convirtieron en la planta de camalote que constantemente baja del alto de los ríos surcando todos los cauces en busca de su amado.-

jueves, 30 de mayo de 2019

LA LEYENDA DEL MATE Y LA LUNA


Los guaraníes cuentan que la luna, Yacy paseaba desde siempre por los cielos nocturnos, observando curiosa los bosques, las lagunas, el río y los esteros desde lo alto. Cada día contemplaba su belleza como una niña que está conociendo el mundo por primera vez. Sin embargo, a sus oídos fueron llegando los relatos de quienes habían visitado el mundo y que le iban contando de la vida de los animales, de la belleza de las flores, del canto de los grillos, el piar de las aves, del sonido del río… y la luna fue tornándose cada vez más curiosa y con deseos de visitar la tierra. Así que un día se decidió y, junto con Araí , la nube, fue a pedirle autorización a Kuaray, el Sol, para que las dejase bajar un día a la tierra para así poder contemplar de cerca las bellezas del mundo. El dios Sol se mostró reacio a dejarlas partir, pero por fin cedió y las dejó marchar. Sólo les impuso una condición: en la tierra serían vulnerables a los peligros de la selva como cualquier humano, aunque también serían invisibles para estos. Luego las dejó partir. Fue así como la luna, Yacy, llegó un día a la tierra. Y junto con Araí fueron visitando los lugares que veían desde las alturas, maravillándose a cada paso. Observaron de cerca como las arañas tejían sus redes, sintieron el frío del agua del río, tocaron la tierra roja con sus manos. Tan absortas en su mundo estaban ambas diosas que no se percataron de la acechanza de un yaguareté que las seguía de cerca. El felino estaba hambriento y quería comer, por lo que en un momento largó el zarpazo para atrapar a las mujeres. En el momento justo cuando estaba por alcanzarlas, el animal fue alcanzado por una flecha lanzada por un joven cazador guaraní, que justo pasaba por el lugar, y que sin saberlo, salvó la vida de las diosas. El joven cansado por la búsqueda, pero feliz por su conquista, decidió descansar al pie de un árbol, antes de regresar a la tribu. Y entonces se durmió. Y en sus sueños fue visitado por las diosas que, vestidas de blanco, le hablaron con cariño. Yacy le dijo que como símbolo de gratitud, cuando llegue a su tribu, encontrará un arbusto a la entrada que nunca antes había visto. Le dijo como hacer con sus hojas para preparar una infusión que uniría a las personas de todas las tribus, como símbolo de hermandad y de confraternidad. Cuando se despertó y volvió con su gente, el joven cazador vio el arbusto a la entrada del campamento y siguiendo las instrucciones que la diosa le dio en sueños, el muchacho buscó una calabaza hueca, picó las hojas del arbusto, las puso dentro y llenó el cuenco con agua. Luego, con una pequeña caña tomó la bebida. Inmediatamente compartió la infusión con la gente de la tribu que observaban curiosos el trabajo del cazador. La calabaza fue pasando de mano en mano, y todos fueron tomando la infusión. Así nació el mate, que une a las personas, que es un símbolo de paz y confraternidad. Y que fue un regalo de la luna a los hombres para que compartan vivencias, para que fomenten su amistad, o para que disfruten un silencio compartido.

Jardín de Mariposas

Las mariposas son uno de los insectos que más fascinación producen, su colorido y la forma que tienen de revolotear entre las flores nos ...