miércoles, 21 de diciembre de 2016

Vy'apave heñói (Feliz Navidad)


Vy'apave heñói (Feliz Navidad) La Navidad, también llamada “Niño Ára”, es una de las fiestas no patronales del... Entre el ramaje de ka'avove'i se coloca mbokaja poty (racimos de flores de cocotero), que le otorga un radiante color amarillo y un agradable aroma. ... son: amambay (helechos), karaguata (bromelias) e itapoty (musgos). Aroma de nuestras sandias... maíz, ananás y nuestra Flor de coco...los pesebres Queridos, amigos de mi blog conocidos y anónimos, quería darles las gracias por seguir día a día entando y saludarlos en esta época del año tan especial. Vy'apave heñói (Feliz Navidad) Marisa.

martes, 29 de noviembre de 2016


EL VELO DE LA NOVIA LEYENDA GUARANI


La exuberante vegetación de la selva tropical envuelve el paisaje con el embrujo de su magnifica belleza. Los árboles elevan sus copas al cielo en isipós, helechos y bejucos, y se mezclan y se entrecruzan unos con otros en cascadas de verdes intensos, de amarillos, de sepias y de pardos. El duro lapacho cubierto de flores violáceas, el petiribí festoneado de pétalos blancos, el jacarandá que luce su floración añil, ivirá pitá con su manto de corolas amarillas, y los cedros, los algarrobos, los quebrachos y los timbós, que forman la abigarrada selva, son cuna y sostén de las maravillosas orquídeas que, en múltiples formas y coloridos hermosos, se ofrecen con profusión a los ojos admirados de los que llegan a gozar de belleza tan extraordinaria. Y junto a esta hermosura de formas y de colores, el magnífico espectáculo del río, del Iguazú, del Agua Grande, como bien lo nombraron los primitivos habitantes de la región. Fue en tiempos de los guaraníes, precisamente, hace muchísimos años, tantos que no se podría determinar su número. En ese marco de Soberbia belleza, en una choza levantada junto a la orilla, defendida por los colosos de la selva, vivía Panambí con su madre. Tan bonita y tenue como mariposas que en vuelo raudo cruzaban la floresta, era esta Panambí de la leyenda. Bonita, muy joven, de grandes y expresivos ojos negros y lacio y brillante cabello, vivía gozando de los dones que le brindaba la naturaleza. Su voz armoniosa se desgranaba en dulces melodías, cuando, dirigiendo la frágil canoa, llevando su cesto tejido con fibras de yuchán, iba en busca de apetitosos frutos o de exquisita miel silvestre, de camoatí o de lechiguana. Su madre la oía desde lejos y distinguía su voz cristalina destacándose del ruido que hacía el agua al precipitarse desde la altura y de los trinos de los pájaros que cantaban en la fronda... Panambí llegada fresca y armoniosa, con su cesto repleto de provisiones. Era una flor más, entre las flores de la selva y su sonrisa constante reflejaba su amor a la vida, su alegría de vivir. Un día, como tantos otros, Panambí, con su cesto enlazado en el brazo, llegó hasta la orilla donde se hallaba amarrada la canoa. Marchaba a su cabaña llevando el tribuno del bosque. Desató el cordel que sujetaba la canoa; tomó la pala y a los pocos instantes, manejada con pericia, la embarcación se deslizaba por las aguas tranquilas en dirección a su oga. Volvía del grupo de islas a las que había llegado en busca de frutos y de miel de camoatí. Allí el río era ancho y la corriente muy suave. El crepúsculo teñía de rojo, violado y oro, las nubes y las aguas. La vegetación de las orillas, erguida o inclinada sobre el río, ponía un marco de verdes diversos en el paisaje. A mitad de camino se cruzó con otra canoa. La dirigía un indio joven, desconocido para ella, que la miró, con curiosidad primero, con interés luego. El indio, apuesto, de piel cobriza y brillante, de cuerpo recio y brazos fuertes, impulsaba la canoa con movimientos firmes y precisos. Al pasar cerca de la doncella, clavó sus ojos dominadores en la dulce Panambí y una gran admiración se pintó en ellos. La niña quedó como hipnotizada, incapaz de separar su vista del desconocido que así la había impresionado. Continuó mirándolo en la misma forma hasta verlo desaparecer en la lejanía. Por un momento quedó inmóvil, en medio del río, la canoa mecida suavemente por el vaivén de las aguas. Cuando volvió a la realidad, la luna había extendido su manto de plata y se reflejaba en el río dibujando una estela brillante. Pensando en su madre que la esperaría ansiosa, dio a la pala un impulso vigoroso y la canoa surcó las aguas con rapidez. Al llegar a su cabaña, tal como se lo figuraba, la madre la esperaba afligida. - ¿Qué te ha sucedido Panambí? ¿Cómo vuelves tan tarde? - le preguntó. - No sé... madre... - respondió la niña con mirada ausente. La madre la miró sorprendida. Una expresión desconocida, como ausente, se pintaba en el semblante de la niña. Por eso, alarmada, insistió: -¿Qué te ha sucedido, Panambí? ¿No habrás hallado, por ventura, a Pyra-yara? La niña la miró con mirada turbada y nada respondió. Ella misma no sabía lo que sucedía: pero eso si, sabía que no estaba como siempre. El rcuerdo del apuesto muchacho que viera en el río, no la abandonó desde entonces. Si cminaba sobre la tierra rojiza que formaba los senderos, o marchaba por la selva separando helechos e isipós para poder pasar, o recostada en su hamaca miraba al cielo azul, o junto a la orilla mojaba sus pies en el agua clara que lamía la playa, la imagen del desconocido estaba siempre ante ella como un ser sobrenatural que la hubiera hechizado. Sólo ansiaba que llegara la tarde para tomar su canoa y marchar a las islas, con la esperanza de volverlo a ver. Y cada tarde y cada crepúsculo, el encuentro se repitió durante mucho tiempo. Una noche, la paz reinaba en la selva y en la cabaña de la orilla, cuando se oyó, viniendo del río, un ruido de remos que hendían las aguas. Estas, a su contacto, se agitaban y se encrespaban, levantándose en olas que golpeaban con furia en la playa. Panambí tuvo un sobresalto y se despertó como al conjuro de un mandato ineludible. Abandonó la hamaca tejida, de algodón, donde hallaba descansando, y corrió a la orilla atraida por el llamado del desconocido que en ese instante pasaba con su canoa frente a la niña. Panambí miraba absorta hacia el medio del río. La misma fuerza que la impulsó hasta allí la condujo hacia el lugar donde se había detenido la canoa. Al introducir sus pies en el río, éste se calmó y una superficie de aguas mansas y tranquilas la invitó a llegar hasta la embarcación que esperaba. Panambí, inconsciente, obedeció a la fuerza poderosa que la dominaba y entró en el agua, la mirada fija en un punto lejano... Las aguas, bajas al principio, sólo taparon sus pies, pero a medida que se internaba en ellas, iban cubriendo todo su cuerpo hasta que en un instante, sin notarlo siquiera, con la visión del apuesto guerrero que aún la esperaba, Panambí se hundió en las aguas que la envolvieron con su manto de cristal. Poco después, el cuerpo exánime de la doncella, llevado por las aguas, aparecía junto a Pyra-yara, que no otro era el extraño ocupante de la embarcación. El Dueño del río y de los peces, la tomó entre sus brazos fuertes y colocó el cuerpo sin vida en una balsa de juncos y tacuaras que flotaba amarrada a la popa de su canoa. Con tan delicado botín, dirigió su embarcación hacia el lugar donde las aguas, al despeñarse en el abismo, formaban una enorme caída. Los cabellos de Panambí, fuera de la balsa, marcaban una estela oscura en las aguas del río. Navegaron durante algunos instantes, hasta que un ruido sordo e impotente, anunció la proximidad de la caída. Al llegar, la canoa dirigida por Pyra-yara, apenas apoyada en las aguas, cayo al abismo formando un todo con la masa líquida, para seguir allá abajo el curso del río, como si no hubiera tenido que pasar semejante obstáculo, demostrando con ello su naturaleza sobrehumana. No sucedió lo mismo con el cuerpo de Panambí que, despedido de la balsa por el potente impulso de la caída, quedó preso entre piedras del gran macizo por donde se volcaban las aguas al abismo, convirtiéndose en piedra ella misma y guardando sus formas humanas. Un chorro de agua muy blanca y muy tenue se desliza desde entonces por su cabeza y cubre su cuerpo de piedra semejando un velo de novia que se deshace en gotitas de cristal antes de volver a formar parte del caudal del río. Ese fue el final de Panambí, la enamorada de un imposible, que olvidó que Pyra-yara, Dueño del río y de los peces, es incapaz, por ser esencia divina, de amar a ninguna mujer sobre la tierra.

martes, 27 de septiembre de 2016

El picaflor


El picaflor es un hermoso y diminuto pajarillo de América, que ofrece el encanto de su plumaje, en el que se confunden los colores del iris. Tiene tres centímetros de largo. Su plumaje brillante de color verde azulado, con reflejos dorados en el cuerpo, la cabeza y el cuello, lo convierten en una verdadera joya alada. El pecho y el vientre son de color gris claro, y las alas y la cola, negro rojizo. Posee un pico largo y afilado que puede introducir con facilidad en las flores para tomar el néctar. Su verdadero nombre es pájaro mosca; pero nosotros lo llamamos "picaflor" porque siempre se lo ve libar el néctar de las flores, o "tente en el aire", porque nunca se posa en ninguna de ellas para tomar el alimento; otros le dicen “colibrí”. Los quechuas lo llaman quentí; los guaraníes, mainumbí. Marisa.

lunes, 26 de septiembre de 2016

Barba de monte"


Barba de monte" Es una planta absolutamente increíble, incomprensible, no coincide en nada con la "idea" de planta que tenemos habitualmente. BROMELIACEAE Especie epifita, originaria de las zonas cálidas de América, desde los Estados Unidos hasta el centro de Chile y Argentina. Las flores son actinomofas y bisexuales, con pétalos de unos 10 mm, elípticos, de color verde amarillento. Las hojas son filiformes de entre 15 y 5 cm de largo por 0,1 cm de ancho, muy enruladas y esparcidas, color gris verdoso. El fruto es una cápsula cilíndrica de 2,5 cm de largo. No posee raíces. Se usa como ornamental sobre árboles y como arreglos florales; Otros nombres: barba del monte, cabello de ángel, musgo español. Guaraní: tuyá endivá. Marisa.

viernes, 23 de septiembre de 2016

El Chivato


Un árbol el chivato no es nativo Forma parte de paisaje urbano, Delonix regia, popularmente conocida como malinche, ponciana framboyán, flamboyán, flamboyant o acacia Es uno de los árboles más coloridos del mundo por sus flores rojas, anaranjadas, un tono lila y un follaje verde brillante Este árbol alcanza una altura media de unos 8 metros, aunque puede llegar hasta los 12 m. Su follaje es denso y muy extendido, Es originario de la selva seca caducifolia de Madagascar, en donde está en peligro de extinción. No obstante, sus semejantes cultivados y naturalizados se extienden por varias partes del mundo Marisa.

martes, 13 de septiembre de 2016

El Pantanal Vista de aves acuática


El Pantanal constituye el mayor sistema inundable continuo de agua dulce del mundo y uno de los más productivos ecosistemas de vida silvestre del planeta. Esa mezcla de flora y fauna, unida a los medios acuáticos, es la que produce la fantástica riqueza de especie y procesos biológicos y ecológicos por toda su extensión. Puede ser considerado, por lo tanto, como un gran delta interno, donde se acumulan las aguas del Alto Paraguay y las de un gran número de ríos que bajan del Planalto. A través del río Paraguay, el Pantanal está íntimamente ligado a la gran cuenca del río Paraná-río de la Plata. No obstante, existen al norte del Pantanal conexiones acuáticas difusas con afluentes amazónicos, en especial con el río Guaporé. a vegetación acuática es fundamental para la vida pantanera. Las plantas flotantes son los principales productores primarios en las aguas del Pantanal. Inmensas extensiones son cubiertas por "batume", que son plantas flotantes, tales como el ágape y la Salvinia, entre otras. Llevadas por los ríos, estas plantas constituyen verdaderas islas flotantes, los camalotes. El Pantanal ofrece al visitante una variedad de paisajes abiertos poblados por grandes poblaciones de animales, cuya alimentación depende de la fase acuática. Son 690 especies de aves, casi 300 Marisa

viernes, 9 de septiembre de 2016

Las propiedades de las hojas de tabaco insecticida Nativo


Hojas de tabaco para terminar con las plagas de insectos. Pesticida ecológico con hojas de tabaco. Se puede preparar en forma de infusión de tabaco. Será conveniente hervir el agua y añadir mientras aún esté caliente a un recipiente en el que previamente haya colocado las hojas. Déjelo reposar igual que la preparación anterior y rocíe las plantas y la tierra con la solución. Prepare varias hojas de tabaco preferiblemente de una variedad fuerte y póngalas a hervir con agua, déjelas durante 5 minutos, utilice un colador para filtrar los restos de las hojas de tabaco ya que de lo contrario nos atrancaría la boquilla del atomizador o fumigador, una vez este fría el agua ya podemos proceder a su aplicación, evite las horas de más sol así como viento. Marisa Cuando oímos hablar de tabaco es inevitable pensar en la salud y como puede deteriorar nuestro cuerpo el consumo del tabaco bien en cajetillas o tabaco de liar. Conviene aclarar que las hojas de tabaco natural a diferencia de los cigarrillos que contienen alquitrán, papel, e infinidad de aditivos perjudiciales para la salud. Esta planta se ha utilizado desde haces muchísimos años para uso medicinal en pequeñas dosis y sin abusar de su consumo, los efectos para combatir las hemorroides, acné, reumatismo o parásitos intestinales.

lunes, 5 de septiembre de 2016

CAPI-ÑARO ()+LA PAJA BRAVA


;Cuenta la tradición que cuando aún andaban por el mundo Tupá y Añang, llamando el uno al bien de los hombres y las bestias, y el otro luchando secretamente concitando el mal, existía una tribu inquieta, nómade y guerrera, sin arraigo ni paz. Tupá se llegó hasta esa tribu y alzando sus manos hacia el Sol, les habló llamándoles al bien y pidiéndoles que dejaran su vida de viajeros eternos y se afincaran, fundando el suelo y dando organización a sus familias y chozas. Les aconsejó que buscaran terreno fértil y levantaran sus toldos, que él les daría ingenio y voluntad, que desarrollaran normalmente sus vidas. Pero Añang no descansaba, y cuando Tupá abandonó tierras para seguir su camino, aquél, ciego de ira lanzó un anatema terrible a la tribu buena; y allí mis convirtió cada familia en una macizo de paja brava, hirientes, ríspidas, agresivas y ariscas. Realizada su obra de mal, se alejó de los campos y se hundió en los Infiernos, enojado con Tupá. Cuando este regresó de su largo viaje y contempló la obra del Demonio, de nuevo con dulzura se dirigió a las plantas y dijo: - Añang castigó con crueldad mi obra en vosotras. Os hizo malas, agresivas, hirientes... Yo sin embargo os volveré buenas, cordiales, útiles. Floreceréis como todas las plantas, tendréis un penacho altivo y bello, que será símbolo de pureza, y tendrán utilidad vuestras hojas. Serán ellas las que protejan al hombre de la intemperie y el frio... Y volvió a caminar por el mundo, enseñando a indios y criollos a quinchar con paja brava

lunes, 29 de agosto de 2016

Salto Encando


Cuenta la leyenda que en la selva de misiones vivían dos tribus enemigas. El cacique de una era Aguará y de la otra Jurumí. Aguara tenia una bellísima hija Yete-í. Era pretendida esposa por todos quienes la conocían y muchos caciques de la región ofrecían inmensas riquezas por su mano. Jurumí el feroz enemigo, tenia un hijo Cabure-í este era famoso por su valentía y destreza en la guerra y en la caza. Quiso el destino que ambos jóvenes se conocieran un día en estas cirscuntancias: Cabure-í Recorria la selva en busca de caza cuando fue atraído por el grito de terror de una joven, corrió hacia allí y en un claro del Monte vio la hermosísima Yete-í a quien no conocía a punto atacada por un yaguareté . Cabure-í clavo su lanza con certeza en el corazón del animal, su sapucay triunfal anuncio la muerte de la fiera. El amor entre los jóvenes nació en ese momento como por un mágico encantamiento. Pero... ¡Oh Dolor! Cuando se enteraron quienes eran. Sus tribus no admitieron este amor y volvieron a luchar sangrientamente. Yete-í corrió hacia el campo de combate derramando lágrimas de angustia que al tocar el suelo iban formando un cristalino Hilo de Agua. Cuando Cabure-í lo vio en lo alto de una loma, corrió hacia ella y la tomo en sus brazos. Los guerreros de Aguará dispararon sus flechas hacia Cabure-í y los de Jurumí hacia Yete-í En ese instante truenos ensordecedores hicieron temblar el cielo y la tierra. El suelo se abrió como para cobijar a los enamorados muertos, y en ese lugar los asombrados combatientes vieron caer las aguas del arroyo formado por lágrimas de Yete-í. Tupa con su poder sobre todas las cosas había creado el "Salto Encantado". En recuerdo de los hijos que se amaron Jurumí y Aguará no volvieron a luchar.

Leyenda del Junco

Pirí era una india guaraní joven y bonita. Como a sus demás compañeras, le gustaba pasear en livianas guavirobas, mecerse al compás del río y despeinar su negra cabellera para dejar en libertad las apretadas trenzas. Entre risas y cantos, las jóvenes adornaban los sueltos cabellos con coloridas flores y ceñían su cuerpo con vistosas chumbé que ellas mismas tejían. Cierto día, Pirí conoció a dos jóvenes hermanos llamados Yatatí y Mboré, reconocidos como valientes guerreros e inseparables camaradas. Yatatí y Mboré quedaron prendados de la joven, y desde entonces la colmaron de regalos para observar en sus reacciones los sentimientos que podían inspirarle. Pirí, sin comprender lo que ocurría, aceptaba sus presentes con alegría y complacencia, pero no se decidía a otorgar favores a ninguno de los dos hermanos.Pasado un tiempo, Yatatí dijo a Mboré : "Hermano desde que nuestros pensamientos están dirigidos a Pirí nos hemos convertido en rivales y en enemigos. En nuestro corazón, donde antes albergábamos el amor fraternal, anidan ahora los celos y el rencor". Mboré dijo tristemente : "No podemos continuar así, lo sé. Sólo nos queda un camino para resolver este conflicto".Yatatí asintió en silencio, y llenos de pesar ambos comenzaron a preparar las armas y ropas de combate... Los demás compañeros supieron de inmediato lo que ocurría, pero no pudieron detener la fatal caminata hacia el oscuro monte donde tantas veces los hermanos habían cazado juntos, compartiendo el mismo alimento y el mismo esfuerzo. Yatatí y Mboré decidirían con la lucha cuál de los dos podría conquistar el corazón de Pirí. Los días pasaron sin que nada se supiese de los hermanos. En vano los buscaron por montes y bosques durante varias lunas : Yatatí y Mboré habían desaparecido. Apesadumbrada, Pirí se dirigió lentamente a la orilla del río donde tantas veces había disfrutado de la compañía de otros jóvenes y doncellas e invocó al I - Yará (dios de las aguas) : "Oh, bondadoso dios, te suplico que me ayudes a compensar el daño que mi belleza causó. Conviérteme en algo útil para todos y por lo cual me recuerden" I - Yará oyó su súplica y mandó al I - Porá (fantasma de las aguas) para que alzara en sus gigantescos brazos a la infortunada joven y la sumergiera en lo hondo del río. Sus compañeras, sorprendidas y apenadas, vieron como Pirí se hundía suavemente en las aguas, mientras sus flotantes cabellos se transformaban en plumosos penachos que cimbreaban en la punta de un flexible tallo... Así - según cuentan los guaraníes - nació el junco, la utilísima planta acuática a la que llamaron Pirí en homenaje a la bella indiecita. Marisa...

lunes, 22 de agosto de 2016

Los tucanes


Los tucanes son aves de pelo y pico de colores muy llamativos por su brillantez y colorido. Su pico es largo, macizo con dientecillos como sierra llega a medir la tercera parte de su tamaño y es muy ligero por las numerosas cámaras que tiene por lo que no le dificulta el vuelo. Su lengua es muy larga (llega a medir hasta 14 cm), angosta, aplanada y termina en punta. Tiene alas pequeñas, cortas y redondeadas. La cola es cuadrada en unas especies y llama la atención la facilidad con que la mueve hacia arriba y abajo. Los ojos están rodeados por una piel que a veces es de colores vivos. Son aves sociables que viven en bandadas de alrededor de una docena. Toda su vida la pasan en los árboles y se alimenta con frutas, insectos y arañas. En ocasiones comen huevos y pajarillos recién nacidos de otras especies. En cautiverio comen orugas, insectos y carne molida. Para tragar hacen un movimiento brusco con la cabeza. La mayoría de los tucanes emiten un sonido monótono o producen un gorjeo muy primitivo. Hacen sus nidos en las cavidades de los árboles y ponen de 2 a 4 huevos de color blanco y el periodo de incubación es de 43 a 46 días. Los tucanes jóvenes tienen el pico más corto que los adultos pero en el plumaje hay pocas diferencias por edad o por sexo. Tucán toco (Ramphastos toco). Los antiguos ornitólogos dividían los tucanes en dos géneros: tucanes verdaderos y arasaris. Los de mayor tamaño son los ramphastos, alcanzan los 60 cm de longitud. Entre su variedad sobresale el tucán del Amazonas, de pico verde y buche rojo y así verdes especies del género indígena, que recorre los Andes en busca de alimento. Por su parte el aracari, frecuente en zoológicos y tiendas de animales vive en los bosques húmedos de México, América central, Colombia y Venezuela. Los tucanes verdaderos o ramphastos, son de gran tamaño tienen la cola cuadrada, el plumaje en gran parte negro y el pico de colores brillantes. Arasaris son más pequeños, su cola está escalonada, en forma de cuña y su plumaje es verde, rojo y amarillo. El increíble mundo de los Tucanes. Marisa.

miércoles, 17 de agosto de 2016

PANAMBI MARIPOSAS


Entre las tibus guaraníes, la del cacique Taguató tenía las doncellas más bonitas, y venían muchos guerreros de otras , con regalos para incorporarse a la tribu y poder casarse con una de ellas. La más bella de todas, Panambi, coqueteaba con todos, los encantaba y después los desdeñaba. Un día aparecieron los invasores blancos, y, después de una sangrienta batalla Tacuabó y los suyos volvieron vencedores, trayendo prisioneros, entre los cuales había un joven de cabellos dorados y ojos celestes del cual Panambi se enamoró a primera vista. Los brujos fueron aconsejados por Añá a incinerar a los invasores, pero, a la mañana siguiente, cuando los fueron a quemar, descubrieron que el joven de cabellos de oro había desaparecido. Panambi, con sus encantos había seducido a los guerreros que lo custodiaban y lo había liberado. Pero el extranjero la abandonó enseguida, y ella lloró durante días hasta morir al pie de un isipó. Poco tiempo después los guerreros de Taguató encontraron su cuerpo y vieron que sobre él revoloteaba un insecto bellísimo, con grandes alas luminosas de variados colores. Era la mariposa que acababa de nacer, y que iba coqueteando, de flor en flor, alegre y juguetona como un día fuera la cuñataí.