miércoles, 17 de septiembre de 2014

El Chamán.


Se concebía a la enfermedad como un desequilibrio en la lucha entre almas sagradas y animales. Según las creencias expuestas, algunas enfermedades provienen de personajes sobrenaturales y otras de seres humanos que saben manejar las fuerzas sobrenaturales. Estas enfermedades se pueden curar a través de los mediadores religiosos. Pero también existen enfermedades naturales, para cuya curación los chamanes utilizan plantas medicinales, sobre las que poseen un amplio conocimiento. Las plantas también se utilizan en el parto y para aumentar o disminuir la natalidad del poblado. Además de curar, el chamán cumple otras funciones como son la de predecir el porvenir, interpretar los presagios, encantar la caza, distribuir la fuerza mágica a los que la necesitan y organizar y presidir las ceremonias religiosas. Como no encontraron templos ni imágenes de dioses, los españoles creyeron que los guaraníes no tenían religión. No habían reparado en unos personajes muy particulares, a quienes la gente respetaba y reverenciaba. Eran los país, payés o chamanes, es decir los mediadores entre el mundo sobrenatural y el de los hombres comunes. Habían recibido dones especiales y eran los únicos capaces de adivinar el futuro, curar o causar enfermedades y, empleando su fuerza mágica, dominar la lluvia, hacer crecer los frutos más rápidamente y ayudar a los guerreros para vencer a sus enemigos. Los payés adquirían conocimiento por medio de sueños. Antes de entrar en trance y quedar como dormidos, rezaban y esperaban que, en el sueño, sus espíritus auxiliares le revelaran cómo curar una enfermedad, dónde encontrar tierras más fértiles y mejores lugares de caza, quién era autor de un maleficio, etc. Conocían una asombrosa variedad de remedios obtenidos de animales y plantas y, además, sabían conjuros para alejar a los añás, perversos espíritus de la selva, dedicados a hacer fracasar cualquier tarea humana. A veces, un payé adquiría tanto prestigio y autoridad que era apreciado en toda una zona y tenía el privilegio de transitar libremente entre comunidades en conflicto. Recibía el nombre de Karaí -que significa "sabio"- y le atribuían el poder de dominar a la naturaleza, de convertir a la gente en animales y de transformarse él mismo en jaguar. Considerado como una especie de profeta, iba de aldea en aldea y, cada vez que se anunciaba su llegada, todos salían a recibirlo cantando y bailando. Dirigía las grandes ceremonias y fascinaba a la gente con sus discursos. Para perfeccionar sus dones, los Karaí se imponían una vida austera: vivían en soledad, rezaban, hacían penitencias y ayunos. Durante la Conquista española, estos profetas unieron su condición de chamanes con la de líderes políticos y encabezaron la resistencia contra los invasores. Todas las Platas medicinales se encuentran en mi blog: “Medicina Guaraní.” Marisa.