lunes, 15 de febrero de 2016

Leyenda de la jacana


Cuentan que en un pueblo perdido en las hojas gastadas del tiempo, en lo que ahora podría ser el litoral argentino, cierto día llegó una hermosa joven. Su cautivante figura y sensualidad, perturbó a los hombres del poblado. Las gentes de este pueblo, eran, más bien conservadoras y respetuosos de sus costumbres. Trabajadores, honrados hijos, novios, maridos y padres, al igual que las pudorosas mujeres. La confraternidad que se respiraba en cada quehacer pueblerino, era un patrimonio común que todos lo consideraban dado; nada podía perturbarlo. La llegada de la nueva habitante, mostraría que no todo estaba dado, nada era inalterable, nada era para siempre. La esplendorosa figura de la joven, enamoraba a todo aquel hombre que la veía; no importaba su edad, si era soltero o casado, todos quedaban subyugados por sus virtudes femeninas. Hasta el cura, en una ocasión que estaba tocando las doce campanadas del mediodía, terminó haciendo sonar las siete de la tarde, de no ser por el reproche de una ofuscada vecina, cuentan, que todavía estaría haciendo retumbar el badajo. Como era de esperar, las mujeres del poblado, comenzaron a mirar malamente a la nueva vecina. La tranquilidad del pueblo, daba muestras de un creciente deterioro. El curso de los acontecimientos se fue acelerando. La atractiva joven, accedía a las pretensiones de los enamorados hombres. Era tal el descontrol masculino, que las mujeres organizaron una reunión para encontrar una solución drástica. Así lo hicieron: en una tumultuosa asamblea, decidieron una estrategia para hacer desaparecer a la descocada competidora. La invitarían al río, supuestamente a nadar, ahí la ahogarían y problema solucionado. La única mujer que no había asistido a la reunión, era la hechicera del pueblo que se encontraba atendiendo una urgencia en el monte. Al volver a la medianoche a su casa, encuentra a la joven con su esposo. Jasy, la hechicera, no dijo nada, la joven salió corriendo de su rancho, casi sin ropas, mientras el marido, trataba de dar explicaciones… Al día siguiente, un grupo de mujeres, mostrando su mejor amabilidad, invitan a la joven al río a nadar y pasar un buen rato, esta accede entusiasmada, sin sospechar lo que le esperaba. Al llegar al río, la joven se sorprende al ver a todas las mujeres del pueblo juntas, la cortesía de sus acompañantes se había terminado y pasan a la recriminación por su vida licenciosa. Ante la reprobación de todas las mujeres a la conducta lujuriosa de la acusada; la joven atinó a justificarse, explicando que era su instinto el que la hacia actuar de esa forma; nunca pretendió deshonrar a ninguna de las mujeres del poblado. El descargo no perturbó los planes, así que las mujeres le ataron las manos y los pies, de la cintura hicieron colgar una piedra de gran peso, ante los gritos de súplica de la joven, sin ninguna piedad, la arrojaron al río. Los hombres del poblado, sabían lo que sus mujeres estaban haciendo; ninguno acudió al auxilio de la infortunada beldad. Cuentan que los hombres esperaban que los dioses la convirtieran en sirena y así poder seguir disfrutando de sus placeres. Cuando el infortunio había llegado a su final, las mujeres se retiraron alegres a ver a sus hombres. A la orilla del río aparece la hechicera. Jasy, a la distancia, había presenciado el horripilante suceso. Se puso de rodillas a la orilla del río, imploró a Arasy1 que se ocupara del alma de la desdichada. La diosa le pidió templanza a Jasy. De repente se ve salir del agua a seis hermosas aves, una más grande que el resto. Era la joven convertida en ave; el resto eran cinco machos de la misma especie. Arasy, le dice a la joven, que ahora podrá seguir su instinto y su vida estará restringida al agua y no mucho más, debiendo seguir las normas de la naturaleza. Así las jacanas, pueden tener hasta cinco congéneres masculinos y visitarlos en sus territorios, solo en la época de reproducción. El pueblo, después de la llegada y desaparición de la joven, no volvió a ser igual. Nadie se atreve asegurar si ese cambio fue para bien o para mal, o simplemente la corta aparición de la joven, hizo emerger lo oculto y reprimido.