lunes, 19 de octubre de 2015

La aldea guaraní pos colombinas


Tekoa, la aldea guaraní Era el centro de organización de la vida política. Ubicada siempre cerca de un curso de agua, cada a la dea tenía espacios propios y bien definidos para cazar, pescar y cultivar, y nadie de otro grupo podía atravesarlos sin autorización. Las tekoas o aldeas eran verdaderas fortalezas rodeadas por empalizadas dobles y, a veces, fosos disimulados, con el interior erizado de estacas afiladas. Protegidas por estas defensas, se levantaban entre cuatro y ocho casas comunales o malocas, distribuidas alrededor de una amplia plaza donde transcurrían la vida social y las ceremonias. La maloca, de unos cincuenta metros de largo, tenía armazón de troncos y estaba techada con ramas y hojas de palmera. Podía albergar hasta doscientas personas pertenecientes a varias familias emparentadas entre sí, que formaban un mismo linaje o tevy. Las aldeas solían concentrar hasta mil personas y su cacique se denominaba tuvichá. Para ganarse el derecho de representar a toda la tekoa, el tuvichá debía reunir tres condiciones: ser el mas valiente, el mas generoso y el mejor orador de la comunidad. Las guerras no sólo le daban prestigio sino el derecho a obtener mujeres cautivas como botín. Como además el jete solía casarse con varias esposas, podía entonces llegar a tener quince, veinte o más mujeres y muchos hijos. De este modo, disponía del apoyo de numerosos parientes políticos, que lo ayudaban a trabajar más parcelas de tierra y lograr más cosechas. Gracias a eso, podía demostrar su generosidad con quien lo necesitara en su tekoa, y también destacarse en las tiestas, donde podía ofrecer abundantes bebidas (preparadas por sus muchas esposas) y gran cantidad de carne (cazada por sus muchos cuñados). Por otro lado, el tuvichá debía ser buen orador, ya que no daba órdenes a su pueblo sino que debía convencerlo. Y si algún linaje estaba descontento, podía abandonar la tekoa, unirse a otra aldea o fundar una nueva. Algunos tuvichás se transformaron en líderes de regiones enteras y organizaban ciertas actividades en común con otras aldeas, como expediciones guerreras, largas migraciones y celebraciones rituales. En la entrada de la aldea, postes adornados con cráneos de enemigos recordaban el coraje de los guerreros. Atrás, a la izquierda, el desmonte de un campo. Marisa.