lunes, 30 de agosto de 2010

Ruinas de San Ignacio (Misiones).






Entre la espesa selva misionera se alza el relieve de las ruinas de la Reducción de San Ignacio, los restos de una civilización diseñada por jesuitas y construida por manos Guaraníes que descolló por su eficiencia hace casi 400 años y por eso mismo debió perecer. La fachada de su templo fue realizada íntegramente con arenisca rosada en 1610 y su diseño barroco americano fue reconstruido por un grupo de científicos durante el siglo pasado. Es que la reducción había estado sepultada bajo la jungla durante casi dos siglos.
Las ruínas del conjunto han quedado insertas en el trazado del actual pueblo de San Ignacio. Fuera del perímetro cercado se encuentran partes del núcleo urbano y, más allá, vestigios de distintas obras complementarias, como canalizaciones y tajamares. La planta urbana de la misión (tipología que se repetía en todas las demas), se organizaba alrededor de la plaza y estaba presidida por el conjunto que integraban el cabildo y el templo mayor, con baptisterio y sacristía, a uno de cuyos costados se ubicaban la casa de los padres, la escuela, el refectorio, el patio de los talleres y depósitos; y al otro, el cementerio, la huerta y el coty-guazu. Las tiras de vivienda de los indios, con sus dobles galerías, completaban los límites de la plaza. La entrada principal, desde el norte, era una calle central cuya perspectiva, focalizada en la portada del templo, manifiesta la concepción barroca con que se estructuraba el espacio urbano en las misiones. El templo mayor, de tres naves, fue construído con piedras de asperón rojo de la zona, que originalmente estaban asentadas con perfecto ajuste, sin argamasa; la cubierta era de tejas, a dos aguas, sostenida por estructura de madera. Elaborados diseños en piedra labrada destacaban los sectores principales del templo, como el portal de entrada, el de la sacristía, y el que conectaba el templo con la escuela. En las figuras de ángeles, palomas y motivos de la flora local se aprecia la impronta guaraní. Muy interesante es el diseño de otros elementos arquitectónicos, como los pisos y balaustres.

San Ignacio ha sido declarado como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.