domingo, 17 de mayo de 2015

La leyenda de Karaí Octubre


Dicen que es parecido al Pombero, es como un viejito petizo, fortachón y con la panza cubierta de pelos. Tiene también mucha barba y un sombrero enorme. Se lo conoce como el Señor de la Miseria… ¿saben por qué? Porque sale todos los 1º de octubre a recorrer las casas y ver quienes tiene suficiente comida. Es un duende inspector que va mirando si la gente sembró y trabajó durante el año y supo guardar para los meses en que no hay cosecha. Ese día al pasar por las casas debe ver que hay suficiente comida y convidar a los vecinos. A quienes no cuidaron los castiga con miseria hasta fin de año y a los que tienen para convidar los premia con abundancias. La mitología del área guaranítica argentina ha dejado muestras de varios personajes diabólicos con el apelativo de Karaí, pero hay uno que escapó a esa regla social, se lo conoce como el “karaí Octubre” o “señor de la miseria”, su misión en este mundo es tomar el aspecto de un viejito encorvado luciendo un gran sobrero de paja, anda generalmente descalzo pero lo identifica una enorme “guacha” que lleva en sus manos para castigar a aquellos hombres que no cumplieron con un deber social de estas regiones, el de guardar comidas conservadas para pasar la época de la miseria que empieza el 1º de octubre y termina el 24 de diciembre. En realidad es un duende inspector, porque el primero de octubre desde la madrugada recorre los caminos de los poblados mirando casa por casa si en sus sementeras guardaron comida suficiente para la difícil época. Las familias ese día realizan grandes comilonas al aire libre, generalmente frente a sus casas, para de esa manera demostrar al Karaí octubre que ostentan suficientes alimentos en el mes de la miseria. Si no es así el duende persigue a los responsables del grupo familiar para castigarlos con su guacha y enloquecerlo con fuerte silbidos. En ocasiones como castigo elige hacerse invisible e introducirse en la casa de aquel que no cumplió con su orden y durante un tiempo causa un sin fin de molestias a la familia. Para poder desprenderse del molesto duende, se dio la costumbre de “soplar el rancho”, esto consiste en soplar con distintos elementos tres esquinas del rancho, dejando una libre para que por allí se escape asustada la miseria.